Reutilización y recuperación en arquitectura
 

 

 

Formas reutilizadas

 

Desde que se tuvo consciencia en general de que “daba pena tirar algo” - fuera lo que fuese, pues intuíamos que eran elementos  cuya utilidad pudiera dar más de sí, con el ahorro económico añadido - este rasgo de responsabilidad trató de encontrar nueva vida a los objetos que nos rodeaban y que terminaban en la basura. La reutilización había tenido variados enfoques. En la arquitectura popular el aprovechamiento de partes de edificios anteriores, sus piedras, vigas; el uso de piezas agotadas o fuera de lugar, como serían las ruedas de afilar encontradas como calzos en asientos de pilares; el aprovechar débris cerámico, etc. actuaciones semejantes fueron comunes desde siempre.

 

A partir de la sensibilización y al constatar la magnitud del problema fueron encontrando acomodo entre nuestras habilidades para resolver muros, construcciones temporales, ornamento… las botellas de vidrio, el cartón, los neumáticos… Este tipo de arquitectura tuvo difícil encaje a partir de los años 60. Aún en los 80 se incluía dentro de la Arquitectura Fantástica*, visiones personales y excéntricas, raras y extravagantes, quizá en parte por unir reciclaje a ciertos personajes del mundo creativo - algunos de ellos del siglo XIX - que las clasificaciones  académicas arrastraban la dificultad de incluir y encontrar hueco, personajes de carácter amateur, espontáneos, un tanto a trasmano, o tenidos por asimilación en décadas anteriores como pertenecientes a la generación hippie. *(Fantastic  Architecture. Michael Schuyt, Joost Elffers, George R. Collins. Abrams, N. Y. 1980).         

 

Esa manera de ver los objetos con ojos dispuestos a desarrollar  nuevas aplicaciones una vez agotadas las propias   - característica intrínseca de la cultura popular - aumentó las capacidades para imaginar y prolongar la vida útil de los trastos de nuestro entorno, incluso sin necesidad de recuperarlos de la basura - por ejemplo los grandes tubos de hormigón armado para canalizaciones, convertidos en habitaciones de hoteles singulares y chocantes. Pero esa manera de reconducir una situación ya se había dado en el pasado.

 

 

 

 

 

 

 

 

La loza quebrada en arquitectura 

 

Las piezas aprovechadas a las que nos aproximamos, serán los vasos cerámicos reutilizados como relleno en bóvedas, cúpulas, drenajes, muros, pavimentos, filtros y cimientos. Todas piezas de lenta evolución, realizadas a mano, tradición cuyos inicios los encontramos, grosso modo, a bulto, en tiempos de Vitruvio. En Los diez libros de Arquitectura describe la utilización de ánforas, ollas, picheles, tubos y cangilones, para drenajes. En el caso que nos ocupa, la denominada loza quebrada o loza de avería, tuvo muy sólidos resultados constructivos, estructurales y de reciclado.

 

Por  loza quebrada se entiende aquellas piezas cerámicas de muy variado formato - podríamos decir todas las que se fabricaban en el alfar para uso doméstico y comercial - que en el proceso de cocción salían defectuosas, deformadas, con grietas o rotas.  Este término acuñado en el s. XV nace ante la tremenda producción cerámica que surge a resultas del descubrimiento del Nuevo Mundo.

 

 El comercio con América incrementa tanto la producción como el número de alfares. Los vasos desechados eran vendidos como aligerante y elemento con cierto carácter estructural, adecuado para rellenar las enjutas de las bóvedas, o como material para embotijar como recordábamos al inicio de este texto. Surge entonces una nueva vía tanto para los restos de la producción como para la parte defectuosa de esta. Los maestros de obras encuentran un nuevo material y los alfareros una beneficiosa salida económica.

 

Ermita de Montemayor.   (Huelva, s. XV). Dibujo del estado antes de la restauración/destrucción.

 

 

 

 

Enjuta de una bóveda de crucería

 

 

 

 

 

 

Salvatierra de los Barros. (Badajoz). En la iglesia de San Blas se rellenan con tinajas los senos de las bóvedas construidas  en el s.XVI  y sobre ellas se elevan los tabiques palomeros que configuran la pendiente de la cubierta. Son varios los casos en Extremadura en los que el relleno cerámico sirve como aligerante y cámara.

 

 

Cantarito.

Rescatado del vertedero debido a la penosa  restauración/destrucción de la Ermita de Montemayor. Se recuperó de la escombrera un espléndido catálogo de diferentes vasos, esfuerzo anónimo que hay que agradecer.   (21 cms)

Cantimplora.  

Catedral de Sevilla. Final del s.XV. Uno de los primeros recipientes que se utilizan en los viajes de Cristóbal Colón. Transportaban líquidos revestidas de tejido de esparto con el fin de protegerlas de los golpes. El barniz de color miel o melado se obtenía con óxido de hierro y antimonio, mientras que el verde tinta resultaba de calcinar, machacar y moler, cobre puro.   (30 cms)

 

 

 

 

 

 

Dolia. Procedente de las enjutas de la Catedral de Sevilla. Final del s. XV. Este gran recipiente es uno de los primeros contenedores comerciales sevillanos que se utilizan en época ya cristiana para el comercio con Europa. El opus doliarum comprendía la fabricación de piezas de cerámica para transportar y almacenar líquidos o granos. La unión de la antiquísma forma campaniforme y el casquete esférico se reforzaba con una cuerda que en algunos ejemplares deja huella. (73 cms)

 

 

 

 

Carlos Flores Pazos

Composición Arquitectónica

 

 

 

 

La exposición puede visitarse en la segunda planta de la Biblioteca de la E.T.S. de Arquitectura

durante los meses de septiembre a noviembre de 2017

 

 

 

 

 

 

 

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